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Un estudio reciente de un grupo de la Universidad de Córdoba ha destacado el enorme potencial del Cedro del Atlas para la reforestación en España. El Cedrus atlantica es un árbol de la familia de las Pináceas, que en la actualidad es originario de Marruecos, Argelia y Líbano, sin embargo se ha extendido por todo el mundo bien por su uso ornamental en jardines o para reforestaciones

Habituado a un suelo árido con ausencia de precipitaciones en verano, este pino ‘africano’ es, según reconocía Rafael María Navarro Cerrillo,  catedrático del Departamento de Ingeniería Forestal de la UCO a la Vanguardia “es una especie muy bien adaptada a estas condiciones de montaña y con capacidad de sustitución de otras especies más sensibles al cambio climático en muchas de las regiones de alta montaña del mediterráneo, sobre todo en Andalucía”. 

Ya se han practicado algunas reforestaciones con cedros del atlas en España, todas ellas con bastante éxito en cuanto a crecimientos y secuestro de carbono. Además, la Península puede ser un hábitat bastante idóneo para este cedro que en el Atlas se encuentra secuestrado en valles a entre 1.200 y 2.000 metros de altura desde la última glaciación. 

Como recoge este magnífico artículo, en la Península Ibérica, los Cedrus atlantica prolifera en la Sierra de las Nieves junto al abeto local el Abies Pinsapo, en e y Sierra de Huétor también hay poblaciones, así como en la Alpujarra o en la Sierra de Baza. Incluso hay un pequeño grupo que crece en el Monte Abantos de Madrid. 

Los crecimientos del cedro en Europa, sobre todo a partir de los datos de las masivas reforestaciones en Francia con esta especie, han situado esta especie como una de las de mayor potencial de absorción de CO2. Además, está adaptada al clima que hará en la Península el próximo siglo y tampoco es que pueda decirse que el cedro sea una especie tan exótica. 

En realidad, tanto en España como en el resto de la Europa mediterránea, este árbol tuvo gigantescas poblaciones hasta la última glaciación. Entonces, el Cedro no tuvo la suerte del Pinsapo, que se quedó en las montañas del sur de la península. El Cedro, por otro lado, acabó con poblaciones solo en el interior del Atlas. 

Ahora, ambas especies podrían encontrar nuevas áreas de distribución por la Península y ayudar contra el calentamiento global y, sobre todo, evitar el avance del desierto. Según los datos oficiales de absorciones del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, una hectárea con cedros secuestra 10 veces más carbono que una hectárea de Pino Carrasco.

El Pinsapo solo gana a nuestra pinacea más extendida en una relación 5 a 1, pero tampoco está mal. En Forest Bank nos proponemos explorar el uso de ambas especies en nuevos lugares de España con el fin no solo de preservarlas para generaciones futuras, sino de aprovechar sus características como barrera natural para el desierto y por su potencial de absorción de CO2. Siempre en combinación junto a otras especies nativas.

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